La ilusión de los hinchas de Racing está más viva que nunca en Río de Janeiro. Entre la multitud que viste los colores de Flamengo, comienzan a hacerse notar los seguidores de la Academia, portando banderas y entonando cánticos dirigidos a Gustavo Costas. La esperanza de dar la vuelta olímpica, aunque difícil, se mantiene intacta, alimentada por una conexión especial entre los fanáticos y el entrenador.
Esta conexión se ha manifestado de forma particular a través de un tatuaje. Tras la conquista de la Copa Sudamericana, algunos amigos invitaron a Costas a un asado. En un momento de euforia, surgió la promesa de tatuarse el icónico gesto del entrenador señalando durante el partido contra Corinthians. La promesa se cumplió, y los fanáticos grabaron en su piel el brazo de Costas y su firma, reconociéndolo como «mayor ídolo de Racing de toda la historia».
Hoy, estos mismos fanáticos se encuentran en la playa, compartiendo mate y esperando la llegada del plantel. Tienen planeado dirigirse al hotel para recibir a los jugadores, marcando el inicio de una fiesta que empieza a copar Brasil.
Fuente: Olé